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Poder Naval y multipolaridad

Enrique Fojón

La casualidad es algo inherente al devenir. Cuando con sordina mediática el portaaviones francés “Charles de Gaulle” entra en puerto para obras programadas, dejando de prestar apoyo a las acciones militares en Libia, la fanfarria mediática se despliega con estruendo por la entrada en servicio del primer portaaviones chino: el “Shi Lang”.

Conviene recordar que el “Shi Lang” es la versión modernizada del antiguo casco del portaaviones soviético, y después ucraniano, “Varyag”, adquirido por Pekín hace trece años. De esta forma, China se incorpora a Rusia, India y a Tailandia en el club de los países del Pacífico Occidental e Índico que poseen portaaviones. No es objeto de este análisis comparar la capacidad operativa del “Shi Lang” con los portaaviones de la US Navy, en cuanto si dispone de aviones capaces de enfrentarse con los americanos o si carece, o no, de buques de superficie adecuados para escoltarlo o de submarinos nucleares para protegerlo. La intención es introducir el protagonismo del poder naval en la época que viene por la proa.

Lo que ya es algo más que una percepción, es que el centro de gravedad estratégico mundial ha basculado hacia el Pacífico Occidental y el Índico. Los países implicados en esa región, que se corresponde con Asia Oriental, Indonesia, Malasia y Australia, poseen una geografía de naturaleza marítima. Su principal potencia, China, tiene sus fronteras terrestres razonablemente seguras y su expansión es eminentemente marítima, tanto para garantizar el comercio como las riquezas marinas o las que puedan extraerse de su fondo. Los incidentes marítimos con Japón, Filipinas y Vietnam, así lo atestiguan. La realidad se impone y los países de la zona configuran su potencial militar, preponderantemente, hacia Armadas y Fuerzas Aéreas, de alto nivel tecnológico.

En esta configuración marítima hay que contemplar la excepcionalidad de la península coreana, donde la probabilidad tanto de un enfrentamiento terrestre como de una implosión del régimen tienen visos de realidad. Una Corea reunificada tendría que buscarse acomodo entre China y Japón. En ese caso el carácter de “offshore-balancer” de Estados Unidos tomaría cuerpo, pues la presencia militar USA en suelo coreano dejaría de tener sentido y sería Seúl el que primero que abogaría por la retirada. Asunto más delicado sería la presencia americana en Okinawa, aunque Japón mantendrá a USA como aliado para equilibrar la influencia china, mientras Washington buscará a Tokio y Hanoi como aliados.

El desarrollo económico de los países de la zona, Japón, Taiwan, Corea, Vietnam  y  China, coloca la seguridad del tráfico marítimo, en esta zona, como un imperativo estratégico insuperable. La conexión con el Índico, a través de los estrechos de Malaca, Sunda, Lombok, and Makassar, es la clave, pues por ellos pasan al año la mitad del tonelaje mercante y un tercio de los buques mercantes que navegan en los mares del mundo. Los Estados Unidos hacen frente en esta zona a un reto que afecta a sus intereses vitales, lo mismo que para Australia. Habrá que estar al posible protagonismo ruso en el Pacífico Norte.

La seguridad en el Índico sigue siendo un imperativo estratégico, de igual carácter del que ha adquirido el Pacífico Occidental. India va a tomar cada vez más protagonismo, pues el reto chino está ahí en forma de expansión sobre puertos que, eventualmente, se convertirían en bases. La consolidación de la colaboración chino-pakistaní puede tener su incidencia en este océano. La cesión de uso del puerto pakistaní de Gwadar a China, sería un movimiento de ajedrez de efectos muy profundos, de cara al futuro, pues apuntaría directamente a Ormuz, implicando a los países del Golfo, Irán e India. Pero Pekín, mediante una agresiva acción diplomática y económica, también ha adquirido instalaciones en Sri Lanka, Bangladesh y Myanmar, con lo que el Golfo de Bengala también entra en el juego.

Para India la situación ha llevado a reforzar su Mando Naval Oriental, con Cuartel General en Visakhapatnam, en Andhra Pradesh, en detrimento del Occidental de Mumbai. A este mando se le asignará el portaaviones “Viraat” cuando entre en servicio el “Vikramaditya”.

El Índico es un escenario donde existen claras amenazas a la seguridad marítima, sobre todo en forma de piratería, que en la medida que se está convirtiendo en una actividad lucrativa y se expandan, cada vez más, zonas costeras pertenecientes a estados fallidos, irá en aumento. El tráfico marítimo en el Índico es muy probable que se vea incrementado si las perspectivas de crecimiento a gran potencia de Brasil se consoliden y sus actividades se expandan hacia África, con lo que Buena Esperanza verá aumentar su valor estratégico.

Como anunció el anterior Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates, las guerras de Irak y Afganistán les han enseñado a USA lo costoso y peligroso que es empeñarse militarmente en Asia continental. A día de hoy, la mayoría de los analistas ven esas dos guerras como sendas derrotas, no sólo para Estados Unidos, sino para Occidente. No con ánimo de polémica, pero si como reflexión, hay que señalar que cuando los Estados Unidos dejan de actuar como potencia marítima se alejan de la victoria.

Actualmente, las potencias con sentido estratégico, tanto unas por las necesidades de su emergente poder, como aquellas otras tradicionales, en su decrepitud, traen al primer plano de la actualidad el valor de los espacios no sometidos a soberanía, lo que Mahan denominó “global commons”, que son de libre uso. Teóricamente, el concepto inicialmente aplicado a la mar, se ha ampliado al espacio exterior y al ciberespacio, aunque el carácter comunitario de este último presenta más que dudas. Pero lo que parece estar claro es que desde el espacio y el ciberespacio se puede dificultar, o negar, el uso de los océanos.

La entrada en servicio del portaaviones chino es un claro indicio de intenciones. El “Shi Lang” va a servir de escuela para constituir la capacidad aeronaval china, como parte de su poder naval, algo que va a llevar años, pero que Pekín ha reconocido como algo necesario para poner en práctica su estrategia. La mayor restricción china para su expansión naval proviene de su tradicional visión de poder continental y de las necesidades presupuestarias del mantenimiento de un poderoso Ejército, no sólo concebido para proteger extensas fronteras, sino para el orden interior. No obstante, existe una creciente opinión favorable en círculos empresariales y académicos, hacia el incremento de poder naval, celebrando la entrada en servicio del “Shi Lang” y la construcción de otros. Hay que admitir que el poder naval es un instrumento que Pekín piensa ejercer, sobre todo, en lo que contempla como su zona de influencia.

El escenario descrito es consecuencia directa del ambiente multipolar que se está desarrollando. En la actualidad, la US Navy mantiene una superioridad manifiesta sobre el resto de las naciones, pero los recortes presupuestarios pueden alterar esa situación. Esto nos lleva a aconsejar “pensar antes de cortar”, pues si la situación en el Mediterráneo requiriese el despliegue de un Grupo de portaaviones, se produciría overstrech.

Las preguntas en este escenario son: ¿En esta situación donde quedan las potencias europeas?. Después de los recortes presupuestarios va a ser muy difícil ver a la Royal Navy volver a patrullar el Índico o el Mar de China. ¿Ocuparán otras Armadas su lugar?. ¿Qué importancia estratégica van a mantener el Atlántico Norte y el Mediterráneo?. Las respuestas son de gran calado estratégico y determinarán, en gran medida, la futura influencia de Europa en los asuntos mundiales.